Sentir

Creo que lo que más me duele, es el saber todo el poder que tienes sobre mí. Es el saber lo que provoca un abrazo o una sonrisa, una palabra de aliento o simplemente un consejo.

Te has convertido poco a poco en el pilar en el cual sujetarme cuando todo se derrumba a mi alrededor.

No sé siquiera como haces para que, cuando el oxígeno se acaba en mis pulmones y no sé cómo detener el pánico que se despierta dentro, aparece un mensaje tuyo. Siempre logras estar a mi lado, despejando mis pensamientos.

No quiero hacerte daño. No sé cómo devolverte todo lo que me das. No sé cómo agradecerte. No sé siquiera cómo debería cuidarte. No sé como abrazarte sin cortarte con mis pedazos rotos. No quiero alimentar una ilusión, no quiero aprovecharme de tu cariño, y en ocasiones siento que me aferro demasiado a ti, pero al mismo tiempo, siento que, si te dejo ir, si te alejo, nunca podré volver a tenerte a mi lado. Me aterra, porque no solo me sentiré sola, sino que no encontraré las fuerzas para seguir nadando a contracorriente.

No soy fuerte, nunca lo he sido. Dudo. Vivo con esas dudas en la punta de mi lengua. Y el miedo a poder dañar a otros hace a mi cuerpo estremecerse y temblar sin frío.

Hay veces que creo que consigo tener todo bajo control y, que el nudo de sentimientos que no me deja dormir, se ha podido desenredar un poco. Pero entonces me quedo sola y mis pensamientos me atronan por dentro, y mis ojos hacen eco de mi adolorido corazón y acunan lágrimas de consuelo.

Temo que si no encuentro una salida a todo esto pronto pueda acabar dañada irreparablemente. Pueda acabar tomando un mal camino.

Y de nuevo vuelve a mi ese pensamiento, esa solución que nubla el juicio y que cada vez aparece con mayor fuerza que la vez anterior, trayendo con ella mejores argumentos.

No quiero caer, no quiero dejarme llevar, pero siento que se ve como la única opción, que trae consigo autentica paz y tranquilidad. Pero freno mi decisión. La pena y la culpa que arrastra consigo, me impiden partir. Por ello retengo mis pasos, intentado encontrar las ganas de seguir respirando en este cuerpo.

Por ello, te pregunto, ¿por qué llegas cuando más te necesito?

Yo creo que lo intuyes.

Recuerdo aquel día, cuando tomaste mi mano, como mi corazón comenzó a latir como loco. El momento en el que acariciaste mi palma para tranquilizarme y un suave cosquilleo creció y se abrió paso a través de mi columna. Y te vi reír como nunca. Te vi sorprendido, relajado, feliz. Te vi a ti en toda tu plenitud. Y me sentí atraída hacía esa sensación, añorando sentir tanto por otra persona. Y no románticamente sino en un sentido mucho más simple. Sentí un amigo en quien confiar.

Creo que ese momento marcó un antes y un después, porque me hiciste sentir cómoda, tranquila e incluso feliz. Porque el eco de tus palabras, se me ha grabado dentro. Porque ya no sé lo que sería vivir sino te tuviera en mi vida.

Deja un comentario