Me asusta el tiempo y como los pensamientos se acumulan dentro de mí, haciendo eco en mi mente, preguntándome como sería todo si pudiera entrelazar mi mano con la tuya.
A veces me descubro pensando en el sabor de tu boca, en la textura de tus labios, en tu risa contagiosa, en tu mirada sincera que me hace sentir que vuelo. Y no paro de preguntarme como puedo llegar a sentir tu aliento si nunca llegué a probarlo.
Quizás sea la nostalgia de nosotros, los momentos compartidos juntos, las sensaciones que se quedaron en mi corazón, o quizás son consecuencia del día a día, de conocernos tanto, del sentirte cerca incluso antes de vernos.
Soy un mar de confusión y a la vez siento que todo está claro. Siento como el cuerpo me pide que me deje arrastrar por esta corriente de viento que sopla cálido en pleno invierno. Arrasas con toda mi existencia, rompiéndome y reconstruyéndome, como si fuera un puzzle, como si comprenderme fuera tan fácil cuando ni siquiera yo puedo montar mis propias piezas.
Siento que cuando te tengo cerca, todo tiene sentido. Siento que todo el dolor que he vivido ha sido por esto, por conocerte, porque aparecieras en mi vida. Y si es así, pasaría por ello de nuevo, dañaría mi corazón yo mismo si con ello pudiera conservar tu risa por siempre en mi pecho.
Siempre pensé en como te diría todo lo que ha ido creciendo dentro de mí, como un susurro que intenté acallar durante mucho tiempo. Y siempre soñé despierto con aquel momento, y cuando sucedió, nada fue como lo había idealizado, nada ocurrió aquella tarde como pensé. Pero tu sonrisa me hizo dejarme llevar, y sentí que no podía contenerme más, que era el momento ideal, que solo éramos tú y yo, que el mundo se había parado solo para nosotros. Pero tus manos se deslizaron de entre las mías, y supe que solo yo lo veía así, que era el único que sentía el corazón palpitar de aquella manera, y fui el único al que, en aquel instante, su mundo colapso, como un gran terremoto, sentí mi cuerpo temblar, sentí mi mirada nublarse, y sentí como una vez más, mi pequeño y frágil corazón, se agrietaba de nuevo.
Tú habías sido mi tirita, mi modo de escape, mi refugió, y nunca vi venir como tú también te convertirías en mi mayor destrucción.
No te culpo. Nunca lo haría, ni siquiera cuando tus labios susurraron un leve «lo siento» y de tus ojos se escaparon lágrimas. No te culparía ni siquiera cuando tus brazos me rodearon y sentí tu calidez alcanzándome. No te culparía ni siquiera cuando me sentí enredado entre tus brazos, en un abrazo que no quería y no podía soltar, como un pájaro en una jaula de oro. Solamente pude pensar en mantenerme ahí, cerca de tu pecho, donde podía oír el latir de tu corazón.
Y en ese momento que te sentí tan cerca de mí , tan cerca de mi alma…solamente pude pensar, que pasase lo que pasase, quería conservarte en mi vida, así fueras la rosa o la espina para mí, aun si solo pudiera observarte de lejos, aun si no pudiera alcanzar tu mano, querría permanecer siempre.