Hola amigo, llevaba tiempo intentando decirte esto.
Últimamente nos hemos distanciado. Ponemos de excusa las clases, la distancia, los exámenes…pero luego me doy cuenta, que en la verdadera amistad no hace falta poner excusas para justificar el no verse, sino excusas para verse.
Creo que nos ha faltado tiempo para hablar, para explicar todo lo que hemos callado año tras año y que se ha quedado en ese pequeño rincón, intentando no molestar.
Debo decir que nunca creí que acabáramos así, siempre te vi como ese pilar fundamental que quería tener siempre en mi vida, que necesitaba para seguir. Pero poco a poco me he hecho fuerte sin ti…Y si, debería esta orgullosa de haber seguido hacia delante, pero no a costa de perderte. He crecido pero por un gran precio. Tú. Te fuiste y crecí. Sobreviví como pude. Y aun continuo sobreviviendo. Pero quizás la vida se base en eso. Hay personas que llegan y otras que se van. Pero en el momento en que te conocí sentí que tú eras de las que llegaba, se plantaba ahí, y se quedaba por una vida entera.
Creo que lo que más extraño no es pasarlo bien contigo, no es reír hasta bien entrada la madrugada, no es llorar contándonos las penas, no es secar tus lagrimas y hacerte sonreír, no es sentirse orgullosa de las ojeras, no es quedar para comer pipas en un banco de un parque, no son las tonterías dichas a lo loco, ni las locuras caminando por la calle, no extraño esas fotos donde tenemos anécdotas escritas en su dorso, no es nuestra historia…es a ti, a ti como persona, a tu forma de ver el mundo, a tu forma de abrazarme de improviso, a tu forma de sacar esas sonrisas espontáneas, a tu forma de hacerme ver tan feliz.
Debería haberme dado cuenta antes, debería haber puesto remedio. Pero no lo vi, o no quise verlo. Me negaba a pensar que esto, que lo que teníamos podía acabar. Y por negarlo, he hecho que suceda.
Pero te confieso, que aunque acabe, aunque te hayas marchado…aún leo tus buenas noches en mi teléfono. Aún escribo buenos días en un papel todos los mañanas. Aún escucho tus canciones por la calle. Aún siento tu empujoncito para lanzarme a esas situaciones que tanto temo. Aún siento tus nervios antes de un examen, aún siento tus ganas de comer a todas horas. Aún siento tu mano tomando la mía para darme fuerza. Aún te siento cerca, a mi lado…aún te siento aquí, en mi pecho.
Pero no confundas, sigo considerándote mi amigo, un amigo que no conozco, un amigo que no sé a que huele, que no reconozco su ropa, un amigo que no sabe de mi, sobre mi día a día, ni siquiera sobre mi fruta favorita, al que no puedo contarle mis anécdotas de la semana, el que se sorprende de verme.
Eres mi querido viejo amigo