Anticipo de un adiós

Una certeza.

Una certeza fuerte y sólida se ha arraigado en mi mente.

Un certeza. Un punto y aparte.

Una certeza para el día que te marches lejos.

Una certeza de que será un antes y un después para nosotros. Momento canónico. Demasiado temprano consideraría yo. Quizás necesario. Pero la certeza de que no seremos los mismos cuando regreses, me mantiene en vilo, desolada y desorientada.

Y si me preguntaran el por qué, no sabría justificarme. Quizás diría que se trata de una premonición de que realmente nuestros mundos eran demasiado diferentes.

Tú te irás hacia un lugar donde no puedo alcanzarte. Rozar tu pasado. Volver a sentirte como te sentías. Y yo allí, no llego. Ni podré llegar nunca.

Veo el anhelo en tus ojos cuando me hablas de aquellos tiempos. Te escucho hablar de esos momentos y siento la nostalgia en tu voz y siento como desearías volver allí. Pero el chiquillo de entonces, dista mucho de la persona que he llegado a conocer. Tú no te fijarías en mí. Yo no seré nunca suficiente para ti.

Tengo la certeza de que todo va a cambiar. De forma inevitable.

Tengo la certeza de que saciarás tus instintos con impulsos y yo te habré dado vía libre para ello. Porque no puedo ser de otra forma. Porque solo puedo verte feliz.


Quizás por eso me cuesta tanto despedirme y me aferro a nuestro tiempo compartido . Porque siento que digo adiós a lo que hemos construido. Como una despedida anticipada.

Y así, siento como de nuevo un pequeño fragmento de mi corazón se desprende de mi pecho. Creo que ya no puedo hacerle más costuras a tanta cicatriz recosida.

Deja un comentario