Siempre salvaje

Tuviste miedo.

Yo vi tus sombras. Vi tu abismo. Vi pesadillas que me hicieron temblar de lejos.

Yo vi dudas que arañaban tu piel desde dentro.

Yo te vi caer y fui testigo de como mi mano no te alcanzaba, por mucho que lo intentara, no llegaba a rozar tu ligera paz.

Yo vi como te volvías etéreo. Ajeno a ti. Ajeno al mundo.

Yo vi como destruíais poco a poco tu vida. Y no pude hacer nada. Y no me dejaste hacer nada. Tú decidiste por los dos. Tú borraste mi voz. Ni mis gritos ni mis susurros desesperados lograban alcanzar tu corazón.

Que ilusa de mí, que pensé que podía salvar aquello que nunca quiso ser salvado pues nunca se debió dar un mal paso en su camino.

Que ilusa de mí, soñar que los besos borran miedos aun cuando las cicatrices siguen siendo heridas sin cerrar.

Que ilusa de mí, que pensé que podría llegar a acostumbrarme a tus espinas pues te veía como una rosa salvaje creciendo ajena al mundo prediseñado que la rodeaba. Pero tus espinas llevaban veneno que me fueron corroyendo por dentro, justo en el centro del pecho, justo donde creí llevar tu nombre tatuado, justo donde te apoyabas a descansar cada noche, justo en el pedacito que quedaba de mi recosido corazón.

Deja un comentario