Ascuas

Comienzo a sentir tu nombre tatuado sobre mi piel. Sin rastro de tinta. Sin más marca que la que dejaron tus manos al dibujar caricias aquella madrugada.

Has encendido un carnífice en mi pecho. Y ahora me encuentro soplándolo.

Lo que todavía no sé si para apagarlo o para avivarlo.

Estoy a un suspiro de descubrirlo y, aunque me aterra pensar en esa segunda opción, es la primera la que me deja temblando. Porque significa que ya estoy lista para dejarte ir. Porque ya lo intenté y ya no quiero retenerte. Porque no sería sano para ninguno.


Así que dime. Dime si debo prepararme para enfrentarme a tus palabras, si tendremos que decirnos adiós o si mañana podré despertarme entre tus brazos una vez más.

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