Apagarlo todo. Apagar sentimientos, corazón. Apagarme a mí.
Dejarlo todo, dejarte ir.
Ver como aumenta la presión en mi pecho, como se alargan las noches sin sueños.
Me duele extrañarte, temernos. Quedarme sola, ponerle freno.
Muchas veces no te comprendo. No comprendo como me miras, no comprendo que me quieras o mejor dicho, creo que lo comprendo, pero es mayor el dolor por saberlo y entender que nunca seremos.
Si me miras como me miras y me quieres como me quieres ¿Por qué no puede ser? ¿Por qué no podemos hacer que funcione?
Si no se puede. Sino puedes. Déjame ir. Déjame ir porque ahora, mi corazón dedica cada latido a soñar con tus ojos. Y ya no me quedan ganas de luchar contra algo que estaba destinado a suceder y que forzamos a no ser. Porque me resulta más fácil quererte que alejarme de tu lado.
Porque volví a probar tus labios y el tiempo se paró y, nosotros nos congelamos allí en medio, quemándonos, consumiéndonos. Sin tener suficiente del otro. Porque besarte fue como tomar una bocanada de aire tras muchos meses sin poder respirar. Fue como rozar el cielo. Fue como saborear las palabra ‘te quiero’. Darles sentido. Fue como borrar todos los miedos.
Contigo todo es fácil. Confidencias, chismorreos. Reír a carcajadas o romper a llorar sin prejuicios. Tú me has hecho ver tantas partes bonitas de mí que desconocía, que me has permitido florecer de mil maneras. Sé que puedo llegar a ser lo que quiera. Me lo creí la primera vez que me lo susurraste entre besos. Me lo creí cuando tomaste mi mano y secaste mis lágrimas, cuando me sacaste de aquel oscuro pozo y cuando conseguimos volar uno al lado del otro.
Por ello, a veces, cuando el dolor de no tenernos se vuelve tangible, algo dentro mío se siente vacío. No es porque me faltes, no es por no querernos. No es dependencia ni necesidad. Es más por el saber como de mágico podía llegar a ser algo cuando lo vivimos y saber que pasó, rápido, efímero.
No digo que no nos lleve grabados en el pecho, pues ahí resides y residiremos siempre. Sino que cada vez el tiempo ha conseguido empañar más mi memoria, desdibujando tu rostro de mis recuerdos, desenfocando el brillo de tus ojos de aquellas veces cuando me mirabas, casi olvido el tacto de tu piel cuando te recorría con suaves caricias o el leve escalofrío que me recorría la espalda cuando me besabas en el cuello.
Que confuso extrañarte cuando no fuimos. Que confuso sentir que sí fuimos cuando nunca se pudo. Que extraño perderte poco a poco. Con la llegada del otoño. Dejando atrás aquel verano mágico donde nos reconocimos en mitad de tantas casualidades.
Así que sí. Apagarlo todo. Apagar sentimientos, corazón. Apagarme a mí.
Silenciar al mundo. Silenciar mi pecho y mis pensamientos. Silenciar el eco de nuestro amor. Seguir adelante. Decir adiós.