Muérdeme. Justo al final de la sonrisa que me quedó en los labios tras reírnos a carcajadas.
Muérdeme. Mis pupilas dilatadas hace tiempo que te invitaron a probarnos sin siquiera preguntarnos.
Prometo memorizar el sabor de tus labios, aunque después, prometo también negarlo, para que me vuelvas a probar.
Te diría que puedo dejarlo pasar, que ese crepitante burbujeo en mi pecho tiene solución. Pero no puedo engañarte. Pero no puedo engañarme. Creo que el sabor de tus labios me acechará hasta que tenga un recuerdo al que aferrarme.
Sólo una vez. Un sutil roce.
Sólo una vez. Para poder dejar de soñar con tu boca. Para poder seguir como siempre. Para no dañarnos.
Bésame. Como si fuera la única vez que lo vayas a hacer. Como si fuera la última vez que nos vayamos a probar. Bésame sin disculparte, sólo para poder olvidarte. Bésame con pasión, con cariño, sin prisa, sin miedo.