12 vidas

Estaba ansioso por el reencuentro, por verte, por cómo me iba a sentir. Te había dicho de vernos, pero creo que ni en doce vidas hubiera estado preparado para el brillo que adornaban tus sonrientes ojos. Y de repente aquel año sin verte, se borró por completo, como si el mundo se hubiera congelado y fuera ayer cuando tu mano se entrelazaba con la mía en aquellos calurosos días de verano.

Y cuando tus brazos rodearon mi cuerpo en un cálido abrazo, me sentí en calma, como una bocanada de aire fresco, como ver el arcoíris tras una estrepitosa tormenta. No quería que pasara ese momento y hubiera vendido mi alma al mismísimo Cronos para mantenerte ahí, justo entre mis brazos, junto a mi corazón, el sitio que siempre ha sido tuyo, el lugar que se había quedado desértico con tu partida.

Que caprichoso el destino, trayéndote de nuevo a mi vida cuando había conseguido seguir adelante, y que caprichosa la suerte de tenerte de vuelta saliendo directa desde mis sueños. Y quizás, podría pedirle a la fortuna, que me consintiera una última vez y entonces, por casualidad pudiese volver a probar tus labios.

Deja un comentario