Todo va bien

Era de noche. Una noche cualquiera de verano, algo cálida, con un ambiente cargado y denso. Una noche tranquila, con ruidos casuales de coches y algún ladrido de perro. Era una noche cualquiera, nada especial. No era una noche mágica ni histórica, no iba a haber eclipse de luna, ni se caería el cielo a la media noche.

Simplemente era una noche de verano calurosa, con un ambiente relajado y tranquilo. Con el sutil sonido de un corazón palpitando fuertemente. El mío.

No era una noche especial, pero mi pecho parecía no entenderlo. Él iba como loco, haciéndome sentir ansiosa, nerviosa, confusa y…¿enamorada?

Era una noche como otra cualquiera, era una noche normal, lo juro que lo era…o al menos eso quería creer. De tantas veces que me lo había repetido a mi misma había conseguido convencerme. Creo.

Necesitaba sentir que era así, que nada había cambiado, que el mundo seguía tal y como lo había dejado.

Creo que pensar que aquella noche era normal, me permitía permanecer cuerda ajena a los recuerdos de aquel día.

Llevaba toda la tarde pensando en tus manos. En como se sentían sobre mi piel. Y aquel recuerdo me estaba desquiciando.

También iba a ser una tarde cualquier. La mañana había sido común, corriente, demasiado quizás. Pero no esperaba más realmente.

Iba a ser una tarde normal. Una tarde de piscina. Me habías invitado a dar unos largos, a tomar el sol, a reírnos un rato, a jugar a algo. Todo iba bien. Iba a ser una tarde de amigos. Todo estaba bien. Éramos unos amigos jugando a las cartas al borde de una piscina. Todo parecía estar bien… Todo iba bien hasta que subimos a tu casa.


Y no es que digamos, se parara el ascensor y nos quedáramos horas encerrados. No es que nos hubiéramos quemado y no pidiéramos movernos. Nadie se había caído o lesionado, sólo unas cuantas ahogadillas, nada grabe. Pero en el momento en el que entre en aquel baño…el mundo se empezó a desmoronar.

No me malentiendas, era una baño normal, no había un cadáver en la bañera ni había cucarachas por doquier. Era un baño normal, en una casa normal, en una tarde de amigos normal. Ni siquiera hacía mucho calor para ser verano. Pero ahí estaba yo, cambiándome el bañador y poniéndome ropa seca.

No sé que fue. Mi cara había sido normal. Incluso mis risas habían sonado normales, me había cercionado de ello. Nadie tenía que saber. Pero cuando oí el ruido de una mano contra aquella puerta cerrada, lo supe. Te habías dado cuanta de todo desde el principio.

Pregunté un ‘ ¿quien es? ‘ o eso es lo que por lo menos intenté. Mi voz y mis pensamientos ya estaban comenzando a traicionarme. Oí una voz a través de la puerta. Oí tu voz y sentí escalofríos. Lo sabías todo.


Me miré al espejo. No me reconocí. Vi pánico en unos ojos demasiado abiertos, vi unas ojeras demasiado marcadas y la piel ligeramente quemada. Vi mi nariz roja y mis ojos parecían cada vez más aguados. Me Asusté. Calma. Tenía que estar calmada. Respiré un par de veces hasta que conseguí oír algo más que no fuera mi corazón palpitando violentamente.

Estaba preparada.

Te dije que pasaras.

Lo primero que vi fueron tus ojos, y en ese instante supe que no podía engañarte, que por mucho que me esforzará ibas a conseguir ver a través de mi.

No dijiste nada, o quizás si. Recuerdo ver tus labios moviéndose, pero no alcanzaba a escucharte. Seguro que me veía insegura y confusa, porque tú me lo volviste a repetir, pero esta vez con tu mano sobre mi brazo.

Sentí que tu contacto me quemaba, quizás así era, me estabas quemando, estabas metiéndote dentro de mi piel.

» ¿Todo va bien? « tus ojos fijos en los míos. No titubeaban, no parecías dudar en nada, y sentí que todo estaba bien.

Lo que pareció una eternidad más tarde llena de miradas profundas y palabras mudas, de mis labios escaparon como en un suspiro dos palabras, ‘ todo bien’.

Intenté sonar sincera, alegre e incluso despreocupada, pero tú me seguías mirando con esos ojos tan profundos que lo supe, y no lo ibas a dejar correr.

» ¿Estas segura?» , tu mano se sintió como una caricia cuando la moviste por mi brazo.

Me estremecí…ya no podía más.

Aparté la mirada, me rendí y como si esa derrota fuera una respuesta te acércate a mí y me abrazaste. Me estrechaste contra ti tan fuerte que creí que era imposible, pareciera que querías que nuestros corazones estuvieran juntos.

Me acunaste entre tu brazos, con mi cabeza enterrada en tu pecho…y en ese instante me permití romperme y un suave ronroneo se escapó de mi garganta. Era un sollozo suave, casi imperceptible pero que hacía mi cuerpo temblar. En ningún momento me soltaste, pero ahora tu mano están sobre mi cabeza acariciando mi pelo, y tus labios estaban en mi frente, intentando borrar todos los horribles recuerdos que él me había dado.

Pasaron horas, o eso es lo que sintió mi calmado corazón, exhausto y liberado por fin. Te apartaste de mi, sin romper el contacto, tomaste mi mano y volviste a mirarme otra vez como si pudieras ver a través de mi…y me sentí pequeña e insegura, pero a la vez tranquila.

» Todo estará bien ahora «

Y sus labios se curvaron en una sonrisa deliciosa y delicada. Adoraba esa sonrisa.

‘ Si…’  mi voz eran más bien suspiros, casi imperceptibles.

» Estoy aquí para ti, ya lo sabes, que pase lo que pase vas a poder contar conmigo, aunque sean cosas sobre él»

Su mano acariciaba mi mejilla delicadamente. Millones de preguntas atravesaban mi mente

¿Cómo podía saber que me había pasado algo con él? ¿quizás había visto las marcas de la otra noche?

¿Dónde estaba su característica sonrisa torcida o sus palabras sarcásticas?, ¿por qué era tan bueno y tan dulce conmigo? Mi corazón gritaba nervioso con cada nuevo toque de sus dedos.

No podía seguir allí con él, me hacía demasiado daño, le hacia demasiado daño. Tenía que salir de allí.

Limpié mis ojos con un rápido movimiento, le miré y encontrando el valor suficiente le sonreí, fui fuerte.

Él me miro, comprendiendome. Era tan bueno en ello cuando quería, se le daba tan bien que a veces me daba miedo.

Me acerqué a él y le abracé. Iba a ser un abrazo corto, demasiado corto. Y cuando me iba a soltar, él me agarro a mí, y me sostuvo ahí, contra su pecho, contra su agitado corazón. No me resistí, tampoco quería. Me embriagué de su olor y me percaté de que él hacía lo mismo con mi pelo.

Nos alejamos, nos miramos….y sinceramente no sabría decir con palabras que era todo ello para mí, que había pasado o que era todas esas palabras que nuestras miradas guardaban.

Salí de allí lo más rápido que pude. Escapé, fui un poco cobarde. Pero no me atrevía a permanecer más tiempo a solas contigo. Quizás mis manos y mis labios se volverían sinceros con mi corazón, y no me podía permitir eso.

No sabía lo que había pasado. No quería saberlo. No quería pensarlo. Pero no podía dejar de darle vueltas, de evocar el recuerdo de sus ojos, de sus manos, de sus labios…quería creer que todo seguía igual, y que mi corazón no había revelado nada, que seguíamos siendo tú y yo, como amigos y nada más. Y aquí estaba yo, otra noche más, como otra cualquier, guardando todo sobre ti, temerosa de poder despertar alguna cosa prohibida entre nosotros.

 

Deja un comentario