Me hiciste eterna…

Cada vez que pienso en tus labios, una electrificante sensación atraviesa mi columna y me invade. Me dejo poseer por ese sentimiento. Dejo que me inunden tus ganas de ti.

Cada vez que pienso en tus manos, siento como me acarician la piel, recordando cada noche pasada a tu lado, cuando solo podía escuchar el sonido de nuestro corazón, gritando como loco, avisando que la tentación nos estaba consumiendo.

Cada vez que pienso en tus ojos, recuerdo la sensación de perderme en ellos, revivo el momento en el que tumbado delante de mí, los abres, y me miras, como un niño curioso, lleno de vitalidad, de ganas, una mirada intensa que me consume.

Cada vez que pienso en tu ser, me siento tan orgullosa, de ver como, día a día, demuestras ese gran corazón que tienes, ese hueco en tu pecho tan cálido, que simplemente muestra compasión, amabilidad, sinceridad.

Cada vez que pienso en ti, viene a mi mente un momento, un recuerdo diferente. Cada cual especial y único. Una pequeña parte de nuestra historia, una pequeña parte de nosotros. Y pienso que dentro de una década o de dos, volveré a cerrar los ojos y al despertar, seguiré viendo como esa sincera y preciosa sonrisa me contagia, como tomar tu mano me sigue creando remolinos de sensaciones en mi interior, como seguirás hacerme sonrojar, como seguiré mirando a mi lado impaciente por verte ahí, como siempre, cerca.

Porque pasaran los años, pasaran porque la vida sigue, pero sólo pasará el tiempo, porque nosotros seguiremos siendo tú y yo, con alma de jóvenes, con alma de enamorados, tú de mi, yo de ti. Seremos eternos en el recuerdo, en la vida, en el tiempo. Nos volveremos ese cuento de por las noches para los más pequeños, esa película llena de romanticismo de por las tardes, esas leyendas de enamorados para adolescentes…

Me hiciste eterna cuando me dijiste que me amabas, y desde entonces el tiempo no pasa, y la vida sólo es vida si es a tu lado.

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