Vagones de tren

Te marchas en aquel viejo vagón, sin volver la mirada atrás buscándome, sin una despedida o un último te quiero. Te alejas solitaria, escapando de entre mis manos, como arena de playa.

Te marchas para no volver, para no recordar, para no ensuciar tu ropas positivas con mis negros pensamientos. Te marchas con las gafas puesta para que la alegría de tus ojos no destruya tu máscara de lágrimas.

Te alejas con el ruido de la locomotora a tus espaldas, no me engañas lo has hecho aposta, elegir el tren para dejarme. Me ves alejarme pero no puedes oír mis reclamos, mis súplicas. Me ves sufrir pero te regocijas en ello, alzando tu mano con un pañuelo blanco. Una despedida demasiado formal para todo lo que hemos vivido.

Te marchas al norte, con aquel que ahora es tu compañero, tu soporte. Me abandonas cuando habías llegado a ser tanto sin ser nada. Eras mi vida, mi guía, mi ayuda. Solamente me estabas utilizando para pasar tus horas muertas. Tus secretos solo fueros pequeños trapos sueltos, yo…que te lo di todo, que te ofrecí mi hombro cuando otros rompían tu corazon. Yo que siempre estuve para escucharte, el que escalaba por tu ventana para abrazarte…

No significó nada que te convirtieras en mi compañera de risas, de llantos, de juegos, te convertiste en mi amiga, en mi mejor amiga… ¿para qué? Todo ello no significo nada.

Tú, frío corazón recubierto de mentiras, te has quitado la máscara, tú sola, te has descubierto, víbora de almas, envenenaste la mía sin avisar sin dar señales de alerta a mi sistema.

Pero he conseguido escapar a tiempo.

Ya te marchas sin discurso sin abrazos ni besos en la mejilla. Te marchas para siempre, para liberar mi mente, te marchas rápido, pero costosamente…te marchas a media marcha por camino de piedras, dejas hollín y humo en el aire, pero el tiempo todo lo limpia, y alguna vez volveré a ver ese cielo azul donde tu reflejo no este en cada luna llena.

Deja un comentario