Quiéreme a ratos de tiempo eternos, de esos que duran un par de vidas
Quiéreme sin prisa, entre risas, entre guerras de cosquillas, combatiendo mis miedos con tus abrazos, dejando atrás la oscuridad, envolviéndome entre tus brazos.
Quiero una caricia, piel contra piel, cubiertos de agua, vestidos únicamente de miradas, ardiendo, quemándonos mientras el agua corre veloz por nuestro cuerpo.
Por querer te quiero a ti, con tus lunares y todo, con tus respuestas sin preguntas. Te quiero entre incertidumbres de nombres, de llantos, de escapadas, de frío en la noche.
Te quiero cuando me acercas a ti, cuando desatas mis alas, cuando me sonríes y mi alma queda desolada, encantada, destrozada.
Antes de conocerte la vida era vida, de color único, con sueños de polvo y cristal, frágiles. La vida era mi plato favorito con falta de sal, insípida. Pero ahora ya no necesito salero si puedo perderme en el negro de tus ojos, pupilas dilatadas, con las llamas prendidas y las ganas cogidas de la mano.
Dame más, de esa sonrisa, de esas ganas, de tus secretos, de aquello que ocultas en tu mente. Dame vida como hasta ahora, dame un beso de buenas noches y abrazarme fuerte. Despiertame por la mañana cantándome al oído para alejar a las pesadillas que me acechan.
No te alejes, lejos me olvidaré de respirar, me olvidaré de lo que es no sufrir, me olvidaré que es sentir, solo quedará en mi vacío, un mundo de ecos mudos, de oscuros rincones y callejones de problemas y dilemas.