Las plumas

Viento suave acariciando la leve espuma del amplio mar, un mar tranquilo y apaciguado, lleno de recuerdos, un mar perdido y encontrado en cada nueva orilla que con sus aguas baña, un mar libre y condenado, un mar encadenado a una tierra seca y desierta.

El mar no encuentra más consuelo que mirar al alto cielo, con ese eléctrico azul en cada día que pasa y ese profundo negro que adquiere en cada noche… Dulce alba que baña al solitario mar con la luz del brillante astro, luz nueva y pura que hace transparentes las frías aguas saladas, y ese orbe, brillante lucero de sus noches tétricas, y esa luna, que crea el compás que sus olas mueve, melodía alegre, brava y chirriante que mueve hasta los más grandes océanos.

Y es lo que el mar más añora, esa pluma que cae cada tarde sobre su piel, es ese delicado pedazo de alma que deja caer cada uno de los amantes que en el acantilado del norte se encuentran.

Esas dos almas gemelas que después de toda una vida persiguiéndose, el destino les ha concebido el más preciado regalo, el regalo del encuentro.

Sus ojos fijos en la hermosura del otro, tan ardientes y deseosos que sacan colores hasta a la luz del luminoso amanecer. Son sus manos convertidas en caricias, son sus pieles pulidas, son almas destinadas que se han convertido en día, son uno en el tiempo, son uno en el espacio y en la eterna vida juntos serán uno en el cielo, porque ascienden hacia arriba, rodeados por ese aura, un aura radiante llena de plenitud y alegría…

Y en el auge de su amor, suben como el aire, suben hacia el cielo, rozando las suaves nubes, es el tacto de ese cielo, que les hace flotar, es el vapor de las nubes el que les empieza a envolver, y es esa bruma espumosa su canto de alegría, es esa bruma la se transforma en aquel majestuoso plumaje, plumaje dividido que les convierte en dioses de los cielos, porque quien va a ser mejor habitante del cielo, que aquel ser completo, aquel que ha encontrado su mitad, y se ha transformado en un ser de luz, ser de paz, formado simplemente por el amor incondicional.

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