Ella.

 

Habían pasado varias semanas desde la última vez que la veía, y creo que había olvidado lo que era estar cerca de ella.

Hasta ayer. En aquel momento que la vi pasar por la puerta de la verja lo supe, que esto no acabaría bien. Mi corazón me aviso dando una voltereta.

Estaba preciosa, daban ganas de quedarse horas mirando como caminaba. Como si fuera la persona más feliz del mundo, avanzada rápido, aunque fuera pequeña, y parecía que con cada paso intentaba contenerse para no acabarlo con un salto de entusiasmo.

Ya estaba a mi lado. Evité rápidamente su mirada, aunque me percaté de que me buscaba ansiosa.

No podía cruzar su mirada aún. No estaba preparado, si me hubiera enterado que venía a lo mejor me podría haber escaqueado de alguna forma. Pero allí estaba, saludando a todos…

Me agache para pasar desapercibido, pero antes de darme cuenta sus pies estaban delante mío, quietos y juntos. Había llegado el momento. Me armé de valor y me levanté.

Allí estabas esos ojos inquietos que tanto me gustaban, tan a juego con esa sonrisa que me enloquecía. Me miró como pidiéndome algo, ¿una explicación quizás? O a lo mejor estaba esperando algo…

No me acerqué, no tenía tanto valor. Fue ella la que con rapidez se acercó a mí y me dio dos besos, rodeándome e intentando alargar un abrazo que me hubiera gustado prolongar. Pero no fue así, lo más rápido que pude me zafé de él. Pude ver une breve muesca de tristeza que tiño sus ojos. Casi imperceptible. ¿decepción? Yo también me sentía así.

No podía imaginar que hubiera pasado si ese abrazo hubiera durado más. Dios quiero que me vuelva a abrazar, y oler ese rico aroma, quiero que su pelo me haga cosquillas en la nariz, mientras su espalda tiembla de la risa.

Demasiado lejos, está demasiado lejos, quiero rodearla y acercarla a mí. Suena egoísta, pero la necesito cerca.

Dios, ella era mi fuerza, era mi todo. Me daba fuerzas para poder madrugar cada día.

Y ahora… Ahora nada…soledad. Y lo peor es que es por mí, por mis ganas de sufrir diría más bien. ¿por qué sino me iba enamorar de ella? Si tan solo no hubiera llegado tan tarde.

Estaba tan a gusto con ella, hablando, riendo, conociéndonos, que no me percaté, que no fue que me di cuenta hasta que fue tarde. Ella ya había regalado su corazón.

Lo peor de todo, que, aunque hubiera regalado su corazón ella seguía compartiendo todo lo que la quedaba, me daba tanto y yo… Yo se lo devolvía …cada abrazo, cada beso, cada palabra de ánimo, cada risa borrando cada lágrima.

Pero antes parecía más fácil, ahora es todo tan complicado. Ella estaba lejos. Yo la había alejado. Y hay veces que me planteo por qué, porque luego cada vez que mencionan algo sobre ella, mi respiración se acelera.

Tan lejos y saber que ella sufre por ello. Tan lejos y ver que no me olvida. Que fui alguien para ella. Tan lejos y todavía recuerda y escucha mis melodías, que se las aprende y entona. Creo que la entiendo. Yo hago lo mismo. Porque son ella. Sus canciones son ella. Un pedazo que no se marcha. Un pedazo que permanece constante y me recuerda a los tiempos de antes.

Deja un comentario